lunes, abril 04, 2005

Las aventuras de Wonkax y el Guardián

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Era una noche fría, no tanto como la cerveza que cada uno llevaba en la mano, pero igual de placentera; las cabezas se movían al compás de un flamenco que sonaba a lo lejos y las bocas no dejaban de vomitar carcajadas. El muti estaba más gracioso que de costumbre y Omar era el sillón que se reclinaba cada vez que tenía que tirarme para atrás de tanta risa; Apa y carli estaban en una atmósfera de humo y alcohol un poco más condensada y sus movimientos y risas eran más lentos y prolongados que los de los demás. Casi al unísono el líquido que nos mantenía vivos se evaporó por completo, como si los ojos de los politur que venían subiendo las escaleras, tuvieran el efecto de fuego de los ojos de superman y nos secaron todos los vasos; entonces Wonkax decidió hacer un trueque de papel por alcohol y comenzó a caminar hacia el colmado más cercano, sin haber notado que se había ido por el camino más lejos. Tal vez así es que funciona el destino, porque de haberse ido por el camino más cerca de seguro no se hubiese topado con el guardián. Cuando Wonkax llegó al colmado, decidió hacer un vaciado de su líquido corporal, tal vez para poder comenzar a tomar como si empezara de nuevo o simplemente porque ya su cuerpo necesitaba desahogarse, entonces se adentro en el pasillo que unía al colmado con el baño, un pasillo que sin saberlo lo llevaría a tener un encuentro cercano con un alma de otro tipo, la luz que iluminaba la entrada del largo pasillo, se iba desvaneciendo a medida que Wonkax avanzaba el paso y justo al final, en medio de la oscuridad estaba parado el guardia de aquella zona de descarga. Con porte de dueño de todo el pedazo, aquel guardián blanco con su tope rojo en la cabeza, miró fijamente a wonkax hasta lograr intimidarlo y el segundo en el que sus miradas se cruzaron hizo que Wonkax deseara devolverse, pero ya su vejiga no aceptaba ningún trato. Entonces Wonkax caminó lento, firme y casi retando al guardián, a quien no le quedó más remedio que hacerse a un lado y dejar que Wonkax entrara a aquel asqueroso y olvidado baño. Se posiciona, como todo hombre lo hace igual, frente a un retrete, sintiendo como la mirada de aquel guardián se clavaba en su espalda, porque para colmo, aquel baño no tenía puerta. Wonkax mira hacia atrás porque sabe que aunque el guardián se ha puesto a comer, no es más que una táctica para poder acecharlo disimuladamente y entonces el guardián no resiste aquella mirada desafiante y corre hasta el hoyo donde una vez hubo una puerta y lo reta, pero Wonkax tiene su futuro entre las manos así que no puede hacer ningún movimiento brusco, el guardián se aprovecha de la situación y se acerca a Wonkax a patadas limpias, wonkax solo puede esquivarlas, mientras el patea y patea, entonces Wonkax entendió que estaba en peligro, este que lo atacaba sabía mucho de peleas, la forma de tirarle, de acorralarlo, su pecho inflado lo decían claramente. entonces decidió abandonar el lugar, era obvio que había invadido un territorio ajeno, así que entre patadas volvió a cruzar aquel pasillo largo y oscuro y al llegar hasta nosotros solo pudo exclamar "lizzie, tu tienes que escribir un cuento, a mi me atacó un gallo"

5 comentarios:

SRSALCEDO dijo...

Interesante el asunto

Gabemaster dijo...

Jajaja Si wonkax taba miando el tenia ke maarle la cara al guardia cegarlo mandarse y miarle el mostrador al colmado jejeje.

lizzie González dijo...

jajaja siiii Gabe

KOI dijo...

cuidado si le meo la cena al guardia?!

Amsedel dijo...

Una vez, en un ejercicio literario de colegio me pidieron un cuento, y entonces escribí sobre el gallo que mató al guardián con una escopeta. El texto llego a mí al otro día con un nueve de diez. Acompañando de la felicitación, también una nota que decía que alcanzaba la totalidad de los puntos, por el exceso de ficción en la obra. No tenia edad ni ganas de hacer entenderle a la profesora Mateo.
Esa misma semana se cumplían los nueve días de Antonio, el capataz de la finca de un ex Tío mió, el gallo aun estaba en la comisaría de Pedro Corto, con la pata rota, la misma que se le enredó en el gatillo de la escopeta recién fregada de Antonio.
CHEVERE LIZZIE, la realidad a veces es más inverosímil que cualquier ficción.