miércoles, enero 03, 2007

La lista de los ahorcados

Un medio hermano de Saddam se suma a la lista de los ahorcados que ha estado realizando el gobierno Iraquí (muñequitos nuevos del titiritero Bush)... están conscientes de lo que están creando?? están preparados para ello??
Hace unos meses publiqué mi parecer en cuanto a este tema, hoy no solo lo mantengo, sino que como veo que van las cosas, creo que todo será peor de lo que esperaba.
Amigo titiritero, las vocecitas en su cabeza lo van a volver loco, si no es que antes deciden cobrarle a usted unas cuantas que su gobierno ha hecho y que no son secreto para nadie...la horca?? naaaaa el enola gay?? ....

2 comentarios:

pvilas dijo...

los que en un principio lo satanizaron se han encargado de convertirlo en martir...

Murió maldiciendo a los americanos y traidores

Sólo la horca logró inclinar la cabeza de Saddam Hussein

BAGDAD (Por Marc Santora, de “The New York Times”).— Saddam Hussein nunca inclinó la cabeza, y lo único que pudo vencer ese orgullo fue la horca. Incluso sus últimas palabras fueron igual de desafiantes: “¡Abajo los traidores, los estadounidenses, los espías y los persas!”.

La última hora de la vida del ex dictador de Iraq comenzó a las cinco de la mañana, cuando integrantes de las tropas estadounidenses lo escoltaron desde Campo Cropper, cerca del aeropuerto de Bagdad, hasta otra base estadounidense en el corazón de la capital, Campo Justicia.

Ahí, fue entregado Saddam a los agentes de la recién entrenada unidad de la Policía Nacional Iraquí, con quienes poco más tarde intercambiaría maldiciones. Iraq tomó custodia total del ex dictador a las 5:30 a.m.

Dos helicópteros estadounidenses transportaron a 14 testigos desde la llamada Zona Verde hasta el sitio de la ejecución, instalaciones que antes fueron de la temida unidad de inteligencia militar de Hussein.

Saddam fue escoltado hasta el patíbulo, en donde lo recibieron tres verdugos con el rostro cubierto por pasamontañas, conocidos como “ashmawi”. Varios de los testigos, entre ellos Munkith al Faroun, subprocurador del tribunal; Munir Haddad, juez del Alto Tribunal de Iraq, y Sami al Askari, legislador del Parlamento, describieron después en detalle cómo se desarrolló la ejecución.

Frío intenso Para protegerlo del intenso frío que reinó antes del amanecer, los soldados colocaron a Saddam un gorro de lana, bufanda y un abrigo largo de color negro, sobre una camisa de cuello blanco.

A pesar de que los verdugos tenían pasamontañas, para Saddam fue fácil darse cuenta del color de su piel y escuchar el dialecto que hablaban, distintivo de la parte sur chiíta del país, una región a la que reprimió brutalmente en dos ocasiones.

Antes de la ejecución, Saddam, con las manos atadas por el frente, fue llevado al salón del juez. En todo momento obedeció las órdenes que se le dieron: se sentó para escuchar el veredicto, que lo encontró culpable de crímenes contra la humanidad.

“¡Larga vida a la nación, larga vida al pueblo, larga vida a los palestinos!”, gritó Saddam, quien siguió haciendo esto hasta que terminó la lectura del veredicto. Al finalizar, el ex dictador volvió a guardar compostura.

Cuando se levantó para ser llevado de vuelta al patíbulo a las seis de la mañana, se le veía seguro, confiado e impresionantemente tranquilo.

El procurador general le preguntó si quería dar el ejemplar del Corán que tenía en las manos a alguien. Saddam respondió que a Bandar, hijo de Awad al Bandar, ex director de justicia de la Corte Revolucionaria, quien también está sentenciado a morir.

El lugar quedó en silencio cuando todos comenzaron a rezar, incluyendo a Saddam. “La paz sea con el profeta Mahoma y su sagrada familia”, se escuchó, a lo que dos guardias agregaron, “y que guarde a su hijo Muqtada, Muqtada, Muqtada”.

Saddam pareció un poco sorprendido, y con una mezcla de sarcasmo e incredulidad, agregó “Muqtada”. Muqtada al Sadr es el clérigo chiíta cuya milicia es la responsable de la peor violencia de los combates entre sectas, pero cuyo papá, Muhammad Sadiq al Sadr, habría muerto a manos de Hussein.

Sin remordimientos El asesor de seguridad nacional en Iraq, Mouwaffak al Ubaie, le preguntó si tenía remordimientos o si sentía miedo.

“No”, respondió tajante. “Soy un militante y no le tengo miedo a nada. Toda mi vida estuve en la jihad y combatiendo agresiones. Cualquiera que tome este camino no debe tener miedo”.

En ese momento uno de los guardias no aguantó el enojo y le gritó ”¡Tú nos destruiste, nos dejaste sin nada!”. Saddam fue más desdeñoso al decirle: “Los salvé de la miseria, y destruí a sus enemigos, los persas y los estadounidenses”.

El guardia le dijo “¡Que Dios te maldiga!”, y el ex dictador contestó “¡Que Dios te maldiga!”.

Saddam nunca puso resistencia al ser conducido al patíbulo, en donde le desataron las manos, y se las colocaron en la espalda. En todo momento conservó la cabeza en alto.

Los verdugos le preguntaron si quería una capucha, pero él se negó. Después le explicaron que la gruesa cuerda podría cortarle el cuello, y le ofrecieron la bufanda que llevaba al llegar, para evitar que la cuerda lo perforara. Saddam aceptó.

Se dirigió a la plataforma, rezó una última oración, y después, con los ojos bien abiertos y sin que la voz le temblara en ningún momento, lanzó una última maldición contra los estadounidenses y los persas.

A las 6:10 a.m., la trampa de la plataforma se abrió, su cuerpo cayó y no tardó en morir. Un minuto después, no se movía. A pesar de la bufanda, la cuerda le hizo un tajo en el cuello.

El cuerpo quedó colgando durante nueve minutos, mientras los presentes rezaban en nombre del Profeta, por la muerte de un dictador.

lizzie González dijo...

yo lo que creo que es por ahi debe ocultarse algun negocio entre los estadounidenses y los chiitas, porque obviamente esto no tiene que ver nada ni con armas escondidas ni con la muerte de ningunos ciento ochenta y no se cuantas personas....porque si fuera por armas, hace rato que debimos matar par de presidentes norteamericanos y si fuera por muerte de inocentes ni se diga.